Ese vacío interno... se llenó

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Hoy supe que ya no necesito nada más que mi presencia.

Hoy supe que ya no es necesario llenar ese vacío interno con cosas externas.
Ese vacío que sentí por muchos años, hoy está lleno de mí.

Ya no es necesario comprar nada.
Ya no es necesaria la atención de nadie más.

Ahora sé quién soy, lo que me gusta, lo que me mueve,
y no necesariamente son cosas materiales.

Tengo prioridades claras
y también soy flexible en ellas.

Hoy soy quien soy por cada paso que he dado,
por cada decisión que he tomado
y por todo lo que he soltado.

Ahora puedo darme cuenta de que tuve que aprender a vivir más ligera
para sentir esa ligereza en mi ser.

Todo lo material pesa
y no permite al alma ser lo que es,
porque la atención está en donde no debe estar.

Y cuando se llega a sentir esa ligereza en el alma,
es el cuerpo el que pide no volver atrás.

El cuerpo ahora ha experimentado la dicha
de no tener cargas innecesarias,
y eso le da salud.

Los hombros ya no están tensos.
Los labios sonríen con más frecuencia.

La vida se ve distinta
porque nosotros somos distintos.

El amor está presente
y eso se siente.

Por esa razón, ese vacío que alguna vez sentimos
fue llenado por ese amor,
fue llenado por nuestra presencia.

Habitar nuestra piel se siente como una gran paz,
en la que no debemos nada a nadie
y nadie nos debe nada.

Hoy sé que esta conciencia que los años me han dado
es el regalo de la madurez.

Es una calma que se agradece.
Es una plenitud que se siente.
Es una dicha que se quiere compartir.

Yo la comparto a través de mis letras,
para que se queden como testigos
de este gran momento de estar en el presente.

Este presente que es perfecto
porque es lo que hoy sí tengo,
es lo que hoy sí vivo
y es el que me permite reflexionar y escribir.

Hoy no necesito nada,
porque me tengo a mí.

 

—Annely Rodríguez

Escribo para comprenderme. Comparto para acompañar.